Pensar
en currículo lleva, indudablemente, al contenido
pedagógico y académico del proceso de aprendizaje y enseñanza de una
institución educativa. El currículo es la
planificación de las actividades, de manera general y también de forma específica
a través de lo conocido como Proyecto de Aula. Ahora bien, el currículo no sólo
debe tener conexo hacia las actividades pedagógicas y académicas; debe estar
ligado estrechamente con la familia, la escuela y la comunidad y así apuntar hacia
la satisfacción de una sociedad que necesita individuos profesionales, capaces
y eficientes.
Por eso, se puede afirmar que el
currículo de una institución educativa tiene la responsabilidad de
preparar ciudadanos que tengan actitudes efectivas ante la sociedad, desde la
visión individual y colectiva, ya que un estudiante al ser incorporado a la misma, debe asumir la
responsabilidad social que tiene todo
individuo, dentro del contexto donde se encuentra inmerso.
Hoy en día la sociedad exige cada día más, en cuanto avance y
progreso, pues las masas evolucionan rápidamente y la necesidad de
reconstrucción se hace de alguna manera obligatoria. Por supuesto, a través de
la educación es que se pueden alcanzar tales cambios, siendo ésta una
protagonista de las sociedades organizadas y productivas que tienen como
principal fin el perfeccionamiento.
De tal manera, las organizaciones que componen toda sociedad
como lo son: la familia, la escuela y la comunidad deben caminar al mismo paso,
para lograr los fines culturales, políticos y democráticos que exige cualquier colectivo
en la actualidad. Por eso, es que todo currículo educativo debe garantizar la
satisfacción de su entorno social, donde proponga el rescate de valores
individuales que apunten a la mejora de su entorno social.
En fin, un currículo efectivo es garante de la felicidad que trae consigo el bien común de la sociedad, que rodea a la institución, donde está siendo implementado desde sus docentes, estudiantes y la comunidad en general.


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